Hoy fue Jonathan. ¿Mañana quién?
El lunes 9 de marzo se reunió la Mesa de Coordinación Zonal.
Era una reunión prevista como tantas otras, con temas de trabajo y proyectos para la comunidad. Pero todo lo planificado quedó en un segundo plano. La muerte de Jonathan atravesó la conversación, el pensamiento y el ánimo de todos los presentes.
Jonathan tenía 15 años.
Era un adolescente que estudiaba, un compañero querido en su clase, un estudiante aplicado. Un joven que también se preocupaba por su hermana menor. Un muchacho con futuro, con sueños y con una vida que apenas comenzaba.
Pero también era un adolescente que venía atravesando una situación de violencia.
Catorce denuncias.
Catorce veces en que centros educativos advirtieron que algo grave estaba ocurriendo. Catorce veces en que la escuela, la UTU y distintos ámbitos institucionales alertaron que ese adolescente necesitaba protección.
Catorce veces en que alguien dijo: esto no puede seguir así.
La pregunta que apareció en la reunión fue inevitable.
¿Qué hicimos mal?
Y después de reflexionar, la conclusión fue clara y dolorosa: quienes estaban cerca de ese adolescente hicieron lo que debían hacer. Los centros educativos denunciaron, informaron y dejaron constancia de lo que estaba ocurriendo.
Entonces surge otra pregunta, todavía más inquietante.
¿Qué pasó con esas denuncias?
¿Dónde quedaron?
¿Quién las recibió?
¿En qué momento dejaron de investigarse?
¿En qué lugar del sistema se detuvo la respuesta que Jonathan necesitaba?
Porque cuando una denuncia se archiva sin respuesta, no se está perdiendo solamente un expediente. Se está perdiendo la oportunidad de proteger una vida.
Hoy estamos hablando de Jonathan.
Pero mañana puede ser Gonzalo.
Pasado mañana puede ser Patricia.
Otro día puede ser Jessica.
Puede ser cualquier adolescente.
Puede ser cualquier niño o niña de nuestro barrio.
Y eso es lo que más preocupa.
Que situaciones de violencia advertidas a tiempo no encuentren respuestas a tiempo.
Los niños, niñas y adolescentes no deberían quedar solos frente a la violencia.
La infancia no puede depender de que una denuncia llegue o no llegue al lugar correcto.
La infancia debe ser protegida.
Ese es el compromiso que la sociedad y el Estado tienen con sus niños, niñas y adolescentes.
Porque los niños y las niñas no están para sobrevivir a la violencia.
Están para crecer, para aprender, para jugar y para vivir plenamente su infancia.
Por eso hoy el reclamo es claro y profundo.
No queremos más niños muertos.
Queremos niños y niñas siendo eso: niños y niñas.
La infancia se cuida.
Ni uno menos.
