De Migues al cielo profundo: el observatorio amateur que pone a Canelones en el mapa astronómico
En una zona rural de Migues, un grupo de aficionados a la astronomía y la astrofotografía desarrolló un observatorio robótico que aprovecha la oscuridad del cielo canario para registrar imágenes de gran calidad. El proyecto, impulsado por Fernando Gómez y acompañado por fotógrafos como Pablo Píriz, ya despertó atención dentro y fuera del país.

Fotografía tomada desde el Observtorio amateur de Migues, Canelones
En las noches de Migues, departamento de Canelones, el paisaje rural guarda una escena poco habitual: mientras la vida del pueblo sigue su ritmo, con cancha, campo y reuniones de vecinos, un observatorio astronómico amateur apunta sus equipos hacia el cielo profundo. Allí, un grupo de aficionados viene registrando imágenes de planetas, nebulosas y cúmulos estelares con una calidad que llamó la atención de medios especializados y de astrofotógrafos de distintos lugares.
El proyecto tiene como impulsor al fotógrafo e ingeniero Fernando Gómez, según informó el espacio Disrupción, Tecnología e Innovación de En Perspectiva, que dedicó una entrevista al observatorio de Migues y a las condiciones particulares del cielo uruguayo para la observación astronómica. Ese mismo informe señaló que las imágenes obtenidas en la localidad canaria despertaron interés incluso fuera del país, incluyendo referencias a la NASA y a astrofotógrafos internacionales.
La clave no está únicamente en la tecnología utilizada, sino también en el lugar. Migues cuenta con cielos especialmente oscuros para la observación astronómica. De acuerdo con La Gaceta, las mediciones de calidad del cielo en la zona alcanzan valores de SQM 21.6, una cifra considerada de nivel internacional para este tipo de registros. Ese nivel de oscuridad permite captar objetos del espacio profundo con mayor nitidez y con menor interferencia de la contaminación lumínica.
El observatorio funciona en plena zona rural y combina equipos de alta precisión con un entorno que todavía conserva una baja presencia de luces artificiales. En publicaciones compartidas por integrantes de la comunidad astronómica se describe una “juntada de astrofotografía” realizada en noviembre de 2025 en el observatorio amateur de Migues, con varios equipos instalados dentro y fuera de la estructura. Allí también se menciona que el espacio cuenta con un interior tipo roll-off de 36 metros cuadrados y plataformas exteriores para otros instrumentos.
Uno de los aspectos que vuelve singular a esta experiencia es el contraste entre la vida cotidiana del pueblo y la tecnología aplicada a la observación del universo. A pocos metros de una cancha o de los espacios comunes de la zona rural, cámaras y telescopios capturan imágenes de objetos ubicados a cientos o miles de años luz. Esa convivencia entre territorio, comunidad y ciencia convierte al proyecto en algo más que una curiosidad tecnológica: abre una posibilidad concreta para pensar el astroturismo, la divulgación científica y el valor de proteger los cielos oscuros.
Las fotografías difundidas en redes sociales, entre ellas las tomadas por Pablo Píriz, ayudaron a que el observatorio ganara visibilidad. Las imágenes muestran no solo el equipamiento y el entorno, sino también el trabajo colectivo detrás de cada registro. La astrofotografía requiere planificación, conocimiento técnico, paciencia y condiciones atmosféricas adecuadas. No se trata simplemente de “sacar una foto al cielo”, sino de capturar luz que viajó durante años antes de llegar a la Tierra.
En Uruguay existen instituciones históricas dedicadas a la enseñanza y divulgación de la astronomía, como el Observatorio Astronómico de Montevideo, ubicado en el IAVA y dependiente de la Dirección General de Educación Secundaria, cuyo objetivo es acercar la astronomía a estudiantes y público general. También funciona el Observatorio Astronómico Los Molinos, vinculado a actividades de observación, divulgación e investigación. En ese contexto, la experiencia de Migues suma una expresión distinta: un proyecto amateur, rural y comunitario que dialoga con la ciencia desde el territorio.
La visibilidad que está tomando este observatorio también plantea un desafío: cuidar las condiciones que lo hacen posible. La contaminación lumínica, muchas veces naturalizada en pueblos y ciudades, puede afectar seriamente la observación astronómica. Por eso, el crecimiento de este tipo de iniciativas abre una discusión más amplia sobre cómo desarrollar infraestructura, turismo y actividad social sin perder un recurso natural cada vez más escaso: la oscuridad del cielo nocturno.
Migues aparece así como un punto inesperado en el mapa astronómico uruguayo. No por grandes instalaciones estatales ni por proyectos empresariales de escala internacional, sino por el empuje de aficionados que con conocimiento, inversión personal y constancia lograron transformar una zona rural en una ventana al universo. Entre el campito, el fútbol y las cámaras robóticas, el cielo canario empieza a contar otra historia: una en la que mirar hacia arriba también puede ser una forma de valorar lo que tenemos cerca.
