Los alimentos ultraprocesados no solo atentan contra nuestra salud: también se asocian a estilos de vida menos sostenibles
Investigación realizada en España y 13 países de América Latina muestra que quienes consumen con frecuencia productos ultraprocesados también presentan estilos de vida menos sostenibles, lo que se suma a los ya altos costos ambientales que implica producir refrescos, snacks, dulces y comida rápida.
Grandes contradicciones del mundo en que vivimos: mientras hace décadas uno de los grandes problemas de la humanidad era cómo hacer para acabar con el hambre, hoy se producen más alimentos que nunca, el hambre no ha desaparecido, y encima hay más personas ingiriendo más calorías de las que precisan y con contenidos tan altos de sal, azúcares y grasas que comprometen su salud (además de conservantes, aromatizantes, edulcorantes y otra miríada de químicos que forman parte intrínseca de la industria de los alimentos), que con hambre. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 2019, entonces había 820 millones de personas sin suficiente comida, mientras que 2.000 millones de hombres, mujeres, niños y niñas sufrían sobrepeso u obesidad.
En nuestra región, el informe de la ONU Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición 2023 sostenía que en América Latina y el Caribe 43,2 millones de personas padecían hambre. Mientras tanto, el sobrepeso en niños y en adultos superaba el promedio mundial, alcanzando en 2022 al 9,7% de los niños y niñas menores de cinco años de América del Sur.
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